Nº 017 Edición
·02· Cultura visual
Kusama construyó la sala que todos copiaron. Se llevaron el espejo y dejaron el argumento.
Murió Yayoi Kusama a los 97. Sus Infinity Rooms fijaron el molde de la exhibición fotografiable y la industria replicó la superficie sin la tesis.
- Para
- Direcciones creativas
- Equipos de marca
- Estudios de diseño
- Educadores
Lo nuevo
En 1998, un galerista londinense montó una muestra de Yayoi Kusama y no fue nadie. “Nadie vino”, recuerda Glenn Scott Wright, presidente de Victoria Miro. “O sea, nadie vino a la inauguración, y muy poca gente vino a la exposición. Interés cero.” Veinte años después, la cola para entrar a una sala suya en esa misma galería llegaba a ocho horas.
Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, a los 97 años. Su galería, David Zwirner, y su estudio, Yayoi Kusama Inc., lo anunciaron casi dos semanas después. El comunicado del estudio dice que siguió pintando hasta sus últimos días. Entre aquella sala vacía de 1998 y el momento de su muerte, la artista que nadie iba a ver se convirtió en la que definió cómo se ve una exposición en internet.
Por qué importa
Lo que Kusama construyó no fue solo obra: fue un formato. Hizo más de veinte variantes de sus Infinity Mirror Rooms, cámaras revestidas de espejos donde la luz se multiplica hasta el infinito, y el mundo del arte descubrió con ellas que la gente quería entrar a una obra y salir con una imagen. La primera de esas salas, Infinity Mirror Room—Phalli’s Field, es de 1965. Parece diseñada para un iPhone que tardaría cuarenta y dos años en existir.
El dato que conviene mirar con cuidado es el del Hirshhorn de Washington en 2017, porque casi todos lo citan mal. La nota de prensa del Smithsonian distingue dos cifras: casi 160.000 personas vieron la exposición, y 475.000 entraron al museo y su jardín de esculturas en ese mismo periodo —la mayor visitación de primavera desde que el museo abrió en 1974, y el doble de su promedio. La pieza ancla no llenó su propia sala: arrastró el edificio entero. Es una diferencia que cambia cualquier KPI de exhibición que estés negociando ahora mismo.
Y después vino la copia. Como documenta CNN, lo que siguió al pico de #infinitekusama fue una avalancha de experiums: el Museum of Ice Cream con su piscina de bolas, 29Rooms con sus decorados fotografiables, y más tarde las franquicias de Van Gogh y Dalí proyectados sobre paredes blancas. Todos reprodujeron la sensación —asombro, novedad, fondo— y ninguno se llevó lo que la sostenía. Las salas de Kusama eran una investigación sobre la autoobliteración: sobre volverse insignificante dentro de un sistema que te repite. Los experiums copiaron el espejo. La tesis se quedó en el estudio.
La crítica al fenómeno no es póstuma ni nueva. En el pico, Roberta Smith escribió en el New York Times que no podía decidir si Kusama era la mejor artista salida de los sesenta o “un poco charlatana”, cuyas salas atraían “hordas de cazadores de selfies indiferentes a su trabajo sobre lienzo”. Loyer, del Broad, responde desde el otro lado con un argumento más interesante que la defensa habitual: Kusama se fotografiaba a sí misma dentro de esas salas ya en los sesenta, con su cuerpo repetido en todas direcciones. La circulación de la imagen no fue un efecto secundario del formato. Era el formato. La misma pregunta reaparece ahora en los museos construidos alrededor de la imagen generada, como Dataland, el museo de arte con IA de Refik Anadol: un ciclo después, la discusión sobre qué queda cuando la experiencia se diseña para ser publicada sigue abierta.
Movimientos
-
Separá el mecanismo del argumento en el próximo brief de experiencia. Si estás diseñando una activación, un stand o una sala este trimestre, escribí en dos columnas qué elemento produce la foto y qué idea sostiene la pieza. Kusama tenía las dos; los experiums copiaron la primera y duraron lo que dura una tendencia. Si tu columna derecha está vacía, todavía estás a tiempo.
-
Antes de firmar un KPI de asistencia, pedí las dos cifras. 160.000 fueron a la muestra del Hirshhorn; 475.000 entraron al museo. Una pieza ancla no se mide por su propio aforo sino por lo que arrastra al resto del recinto. Pedile a tu cliente el número de tráfico total del periodo antes de aceptar que te evalúen solo por la sala.
-
Auditá esta semana qué parte de tu trabajo está diseñada para verse en persona y cuál para circular. No es lo mismo y casi nunca está declarado. Hacé el ejercicio con una pieza en curso: si la versión que va a circular es peor que la presencial, tenés un problema de diseño, no de fotografía.
Qué seguir mirando
Kusama pasó cuarenta años sin público y diez con colas de ocho horas. Su archivo queda cerrado en el punto más alto de esa curva, y el formato que inventó tiene que sostenerse solo a partir de ahora.
- La Stedelijk de Ámsterdam abre muestra en septiembre: es el primer termómetro de qué pasa con la demanda ahora que no hay artista viva detrás.
- ¿Qué hace Yayoi Kusama Inc. con las licencias —Louis Vuitton en 2012 y en 2023— cuando ya no queda quien apruebe una aplicación de marca?
- ¿Aparece una segunda ola en video, con un formato que la sala de espejos nunca fue diseñada para soportar?
- ¿Alguna institución publica por fin la cifra que nadie publica: cuánto de la asistencia récord vuelve al museo una segunda vez?