Nº 015 Edición

·01· Branding

Instagram probó cientos de direcciones para soltar su cursiva. Volvió a ella.

Instagram rehízo su marca por primera vez en 10 años: tres tipografías nuevas y un wordmark que conserva el script. La crítica lo leyó como síntoma de la era del slop.

· Redacción EC
    Para
  • Equipos de marca
  • Direcciones creativas
  • Diseñadores in-house
  • Agencias

Lo nuevo

El 13 de agosto Instagram presentó el primer refresh de su marca en diez años. Lo anunció Adam Mosseri desde su propia cuenta, y el sistema completo se publicó en el blog de diseño de Meta (Meta Design, The Verge).

El wordmark se redibujó, pero sigue siendo un script. Alrededor cambió casi todo lo demás: hay tres tipografías —Instagram Sans actualizada, más Instagram Pen e Instagram Mono, ambas nuevas—, un dispositivo viewfinder derivado del glifo de la cámara, y el gradiente sunset pasó a un uso mucho más leve.

Lo que no se tocó importa igual: el ícono de la app, el cuadrado con gradiente que la gente toca todos los días, quedó exactamente igual (TNW). El wordmark ya sale a nivel global; el resto del sistema llega durante 2026 y después (Creative Boom).

Por qué importa

Hay una decisión documentada acá que casi ningún caso de branding publica: por qué no cambiaron lo que podían cambiar. Cynthia Pratomo, directora de brand design de Instagram, contó que el equipo intentó sacar el script y cada intento devolvió una marca irreconocible para ellos mismos. Jasmine Probst, directora de product design, agregó el dato de proceso: pasaron por cientos de direcciones antes de volver al punto de partida. Un rediseño que nombra su innegociable —y muestra el trabajo descartado— es un rediseño que se puede defender en una reunión.

El problema es que el argumento no sobrevivió al contacto con la calle. Miles de respuestas en Instagram y Threads señalaron lo mismo: la nueva ‘r’ se lee como ‘z’. “Instagzam” circulaba a las pocas horas.

Aurich Lawson, director creativo de Ars Technica, llevó esa lectura más lejos: el wordmark, escribió, parece salido de un generador de imágenes. La legibilidad es de las pocas cosas del diseño que se pueden testear antes de publicar, y ese test se perdió en público. Es el reverso de lo que hizo el Berlin Museum con nueve tipografías recogidas de la calle: ahí la variación era la regla; acá una ambigüedad no buscada se comió el anuncio.

Comparación en diagonal del wordmark de Instagram: a la izquierda la cursiva blanca de 2016 sobre el gradiente rosa; a la derecha el nuevo wordmark negro sobre fondo crema, con la 'r' que se confunde con una 'z'.

El antes y el después que disparó el chiste: la 'r' del nuevo wordmark leída como 'z'. Imagen: Instagram / Meta · vía Creative Bloq.

Dos antecedentes ayudan a medir la reacción. El primero es 2016: el reemplazo de la cámara skeuomórfica por el cuadrado plano todavía se cita como agravio, y fijó la expectativa de que cualquier movimiento de esta marca se discute durante años.

El segundo es de hace dos meses. En junio, Instagram le encargó a seis artistas —entre ellos Felipe Pantone y Zipeng Zhu— reimaginar el glifo como íconos alternativos. Esa campaña se recibió bien, y tocaba justamente el elemento que ahora no se movió. La lectura menos cómoda para el equipo es que la marca tiene más margen en los márgenes que en el centro.

Conviene además separar el ruido del dato. Joe Foley, en Creative Bloq, apuntó que la justificación pública —pasaron diez años, tocaba— “suena más a un motivo para repintar la cocina que a una razón para rebrandear”.

Y según The Verge, buena parte de las respuestas entusiastas en Threads parecían escritas por bots. Cuando el termómetro de una marca social son sus propios comentarios, el termómetro también es parte del producto — algo que ya vimos cuando Meta dejó a Muse setenta y dos horas al aire.

Movimientos

  1. Esta semana, escribí el "qué no tocamos" antes que el moodboard. Instagram llegó a que el script era innegociable después de cientos de intentos. Anticipá el tuyo: listá los dos o tres elementos que, si desaparecen, vuelven irreconocible a la marca, y anotá el motivo al lado. Ese documento es el que después defiende el rediseño.
  2. Antes de aprobar un wordmark, testealo a tres tamaños con gente que no sea del equipo. El "Instagzam" apareció en horas y era detectable en minutos. Mostrá la marca a 16 px, en un ícono y en una valla, a cinco personas ajenas al proyecto, y pediles que la lean en voz alta. Si dos la leen mal, tenés un problema de forma, no de gusto.
  3. En el próximo lanzamiento, publicá las direcciones descartadas junto con la elegida. La cuenta de diseño de Instagram mostró alternativas exploradas, y varias resultaron más legibles que la final. Aun así, exhibir el rango convierte la discusión pública en una conversación sobre criterio en vez de una sobre capricho.

Qué seguir mirando

El wordmark sale global ahora y el sistema completo se despliega durante el resto del año, así que la versión que se juzga hoy no es necesariamente la que va a quedar:

  • ¿Se toca el ícono de la app en los próximos doce meses, o el gradiente queda como la única pieza intocable?
  • ¿Se corrige la ‘r’ en algún ajuste silencioso, como pasó con otros wordmarks discutidos?
  • ¿Instagram Pen e Instagram Mono se liberan para uso externo, o quedan cerradas como Instagram Sans?
  • ¿Aparece un caso de estudio con las direcciones descartadas completas, o el proceso queda en las dos entrevistas de lanzamiento?